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martes, 14 de junio de 2011

Patología de la normalidad


A veces la presión de cumplir con tareas, trabajos y pruebas junto con tener vida es agotador. Es el choque constante de dos mundos, el del querer con el del deber. Estar corriendo contra el tiempo para alcanzar a hacer todo lo que estuvimos posponiendo, es cansador. Pero es lo normal. El problema es cuando se está contra el tiempo y las cosas comienzan a salir distintas a cómo lo habíamos previsto, o sea como todo un desastre, comenzando a aparecer mil obstáculos que nos dificultan cumplir lo que necesitamos. Esto se traduce en un razonable malhumor. La preocupación de salir bien librado de todo nos vuelve impacientes, intranquilos, alterables, irritables e irascibles. Estamos susceptibles a cualquier discusión y lo absurdo es que si peleamos seguramente estallaremos en llanto, porque nos da pena no poder manejar una situación y que todo parezca estar en nuestra contra. Lo peor que puede pasar en estos casos es que uno se taime y mande todo a la mierda. Pero para que eso no ocurra, tan solo se debe dar un profundo respiro y distraerse un momento, calmarse y reorganizarse.

En todo caso si uno piensa bien esta situación, es aterrador del hecho de que algo impuesto se transforme en una prioridad que interfiera en nuestra vida, ejemplo las notas. Pero así como estás, hay muchas más cosas que el sistema implanta para que persigamos, que la verdad no tienen mucho sentido porque no entregan nada trascendente.

En conclusión el estudiante tiene poco tiempo para dormir, comer, vivir y reflexionar para que en un futuro le pase lo mismo en el trabajo, porque así es la vida “normal”, te aleja de la felicidad y de aquello que se desea porque no suele ser rentable, ni practico para la realidad. El tema de no tener tiempo, es un gran tema, porque si bien uno se hace el tiempo para disfrutar, ese tiempo “perdido” se debe recuperar o nos pasa la cuenta, de aquí se desprende la transformación de trabajar para vivir y vivir para trabajar. Es algo lamentable, porque si no hay tiempo para lo que hay que hacer y lo que realmente se quiere hacer, menos hay tiempo para soñar…

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